Guten tag, Ramón: Un retrato fresco de la migración

Cuando en México se habla de migración ilegal usualmente se piensa en el tránsito de mexicanos y centroamericanos hacia los Estados Unidos. Cuando se menciona Alemania se suele relacionar con el nazismo y la guerra, en gran parte debido a la retahíla de filmes sobre el nazismo y los campos de concentración que muy frecuentemente desfilan por las pantallas cinematográficas.
En su tercer largometraje Guten tag, Ramón (2013), el director, guionista y productor Jorge Ramírez-Suárez (Conejo en la luna, 2004; Amar, 2009), egresado del CCC, decidió situar en tierra teutona a su protagonista: un migrante mexicano.

Después de 5 intentos frustrados por cruzar ilegalmente la frontera de Estados Unidos, Ramón, un joven de 18 años, sencillo y honesto que vive con su madre y su abuela en un paupérrimo pueblo de Durango, donde la única posibilidad de conseguir el sustento diario es trabajando para el mafioso del pueblo, decide emigrar a Alemania por recomendación de un amigo que tiene una tía en ese país. Sin saber inglés ni alemán, Ramón deberá enfrentar diversas vicisitudes que lo llevarán a conocer otra faz del pueblo alemán. Una cálida y amigable.

En sus andanzas por Alemania, el joven migrante conocerá a Ruth, su ángel de la guarda como dice él mismo, quien le abre las puertas de su casa y de su comunidad. Poco a poco irá forjando relaciones de amistad con las personas que lo rodean y haciendo suyos los lugares y calles que antes le resultaban ajenos, hasta percatarse que la soledad ha dejado de rondarle. No obstante, en la misma comunidad alemana hay algunos personajes que rechazan al migrante mexicano. Es un acierto que no se cubra al 100% el retrato amable del pueblo alemán, pues eso permite que el filme tenga contrapesos.

Guten-Tag-Ramon

Hablar idiomas diferentes no es impedimento para levantar puentes afectivos

Ramón no habla inglés y mucho menos alemán. Su voz es escuchada pero carece de significado para las otras personas, así como él se mantiene por momentos aislado al no poder ser entendido. La barrera idiomática la sortea algunas veces mediante dibujos. Aún así, Ruth y él mantienen charlas, una de ellas extensa. Cada uno expresa en su idioma lo que siente, hablan sin comprender las palabras, pero sí hay un entendimiento que va más allá de éstas y que se sitúa en el ámbito afectivo, en la amistad y la solidaridad.

Esta posibilidad de comunicarse sin poseer el mismo idioma se ha abordado en otros filmes, de alguna manera recuerda la amistad entre Ghost Dog y el inmigrante haitiano que solo habla francés en Ghost dog: el camino del samuari (1999) de Jim Jarmusch, o la charla multilingüe en el crucero de Un filme hablado (2003) de Manuel de Oliveira.

Ahora bien, si Amat Escalante en Los bastardos (2008) apostó por la disposición de encrucijadas sociales que se desbordan en una violencia exacerbada que suprime toda salida. Ramírez-Suárez en Guten tag, Ramón ofrece un retrato fresco de la migración que no evita los momentos crudos, o los sencillos pero entrañables que todo aquél que haya vivido en el extranjero recordará. Y no obstante que el final se siente forzado y hasta se antoja remoto muestra, con un buen ritmo fílmico, que aún es posible levantar puentes afectivos entre personas y culturas distantes.

Guten tag, Ramón se estrenó en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (2013) y a partir del pasado 22 de agosto ya puede verse en las salas cinematográficas del país.

Por Gabriela Vigil/ @ImagenesDePie

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