La última película: Cine dentro del cine

No hay engaños en el filme, señala un cineasta ante la cámara en lo que parece ser una entrevista que forma parte de La última película (2013) del filipino Raya Martin (1984) y el canadiense Mark Peranson (1972). La aseveración del cineasta, quien además reflexiona sobre la película que filmará y que, dice, será la última, guarda un doble significado. Por un lado, encontramos resabios discursivos del cuadro Esto no es una pipa de René Magritte, pues hay una disyunción entre lo que se afirma y lo que se muestra en el filme: el supuesto cineasta es en realidad Alex Ross Perry, un actor que interpreta el papel de Alex, el director. Lo advertimos casi desde el inicio cuando aparece a cuadro el actor Gabino Rodríguez interpretando el papel de Gabino, el nativo que guiará a Alex dentro de un mundo que le es completamente ajeno.

Lo que parecía responder a una práctica documental resulta ser una ficción con máscara de documental, un falso documental. Además, el director y el guía se revelan a sí mismos como actores durante una charla en la que hablan de la película de Alex y luego del sinsentido de la película de Raya y Peranson, hay un desdoblamiento de los personajes que los desplaza hacia otra esfera de las apariencias. De modo que podemos parafrasear a Magritte y decir esto no es un engaño, y luego constatar que, en efecto, lo es.

Alex Ross Perry interpreta al cineasta Alex

Alex Ross Perry interpreta al cineasta Alex

Por otro lado, lo que dice el director en la entrevista es cierto, no hay engaños porque la película muestra abiertamente cómo opera la filmación… en este caso de dos filmes: un filme dentro de un filme. Una película cuyo producto final implica el proceso mismo. Vemos el making off de la película que está planeando/realizando el director y, al mismo tiempo, el making off de la película que estamos viendo. Estamos ante un juego de apariencias, un mise en abime o puesta en escena que deconstruye el proceso fílmico, mientras que entre los artificios se van perfilando algunas verdades y verosimilitudes.

Hay una historia detrás, por supuesto: un director estadounidense realizará lo que será su última película que versará sobre el apocalipsis. Para ello, viaja a la península de Yucatán en busca de locaciones y actores no profesionales. Es el año 2012 y el tema del la profecía maya que supuestamente habla del fin del mundo está candente.

De la premisa del cine dentro del cine hay varios antecedentes cinematográficos: Sherlock Jr. (Buster Keaton, 1924), El desprecio (Jean-Luc Godard, 1963), 8 1/2 (Fellini, 1963), La noche americana (François Truffaut, 1973), La rosa púrpura del Cairo (Woody Allen, 1985), Bienvenido/Welcome (Gabriel Retes, 1995). No obstante, La última película está dialogando de manera tangencial con The Last Movie (1971) de Dennis Hopper, y si bien La última película recorre su propio camino, mantiene algunos guiños con la propuesta de Hopper.

El trabajo del filipino y el canadiense conforma un híbrido fílmico que se mueve entre el falso documental, la experimentación y la libertad creativa, en el que tienen cabida una gran variedad de formatos y resoluciones estéticas: cine digital, 16mm, súper 8, 35 mm, rupturas narrativas, uso de filtros y escenas faltantes que se anuncian con un anuncio que es una réplica de la utilizada en el largometraje de Hopper. Muestra lo que muchas veces queda en la invisibilidad cuando se edita un largometraje: micrófonos, repetición de escenas, cortes. Hace patente que una obra es lo que contiene y lo que se deja fuera en el proceso de edición. Lo que nos revela un enfoque quasi holístico de la elaboración de una película que se sitúa en los terrenos de la creación artística y no del didactismo.

    Alex y Gabino, el guía, recorren Chichen Itzá en los albores del supuesto fin del mundo

Alex y Gabino, el guía, recorren Chichen Itzá en los albores del supuesto fin del mundo

La última película es también una reflexión sobre la memoria y la búsqueda de lo perpetuo. Alex reconoce que la memoria es frágil y quiere hacer un filme que perdure y deje huella, como sucedió con las grandes construcciones de los antiguos mayas. Difícil lograrlo en una época que cada vez más apela a lo virtual y lo efímero. Además, todo muta con el tiempo y el misticismo de la antigua cultura maya, en nuestros días ha virado hacia el marketing y la vacuidad. Los lugares otrora sagrados como Chichen Itzá están poblados por hippies/hipsters que los invaden para cargarse de supuesta energía y que, como dice el director a su guía, pretenden tener una relación con las culturas antiguas.

Cada película construye su propio régimen de verdad que la hace funcionar. En este caso funciona a partir de la experimentación formal, de la fractura y recomposición a manera de collage de narraciones y  tiempos. Irónica, lúdica y audaz, La última película se presentó dentro del marco del FICUNAM 2014 y fue de las últimas proyecciones que cerraron el festival.

Por Gabriela Vigil/ @ImagenesDePie

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