Liv & Ingmar: una amistad infinita

“El cine no tiene que ver con nacionalidades, sino con emociones”, ha dicho Dheeraj Akolka, director y guionista indio graduado en arquitectura, cuyo primer largometraje (Liv & Ingmar, 2012) recoge la relación de dos íconos de la cinematografía mundial: la actriz noruega Liv Ulman y el cineasta sueco Ingmar Bergman (1918-2007).

Con la calma y la parsimonia que da el observar los acontecimientos a través del matiz  del tiempo Liv, de 74 años, narra su propia historia y nos hace partícipes de sus memorias, de la vida que compartió con Bergman, la cual transitó del éxtasis a la desesperación, del deseo al abandono, del recelo a la amistad.

Se trata de un cuadro biográfico que es a la vez un homenaje al trabajo histriónico de Liv. La construcción de la memoria, la memoria de Liv, se edifica a partir de escenas de los filmes en los que ella participó bajo la dirección de Bergman, las cuales se mezclan con archivos fílmicos que se antojan personales: la casa que habitaron, los paisajes que compartieron, la convivencia diaria, su hija.

La amistad

La amistad

El trabajo de montaje logra que las emociones y experiencias que nos comparte la protagonista se materialicen mediante la selección y reapropiación del instante justo, del gesto y la palabra exacta de algunas escenas de su filmografía que enmarcan sus sentimientos.

Vemos a la actriz descansar, vociferar, sonreír, como si hubiera estado actuando su propia vida. Después se nos revela que en parte era así. Entonces la cinta cobra otro sentido, realidad y ficción dialogan y se superponen. A manera de espejos, la película juega con  la realidad de la representación y con la representación de la realidad.

Bergman también está presente en la cinta, no solo visualmente, sino a través de la palabra, de las cartas que le escribió a Liv y que cobran vida a través de una voz en off. Esas palabras escritas en el pasado agitan recuerdos y los devuelven para dialogar una vez más con su destinataria.

 En 1977 Ulman escribió Changing, su autobiografía, que junto con esta película y el libro autobiográfico Linterna mágica (1988) escrito por Bergman, conforman una tríada personal y subjetiva que nos invita a conocer el envés de dos creadores de la escena fílmica, y en el caso de Bergman también de la escena teatral, y reparar cómo el devenir ser de cada uno descansa en espíritu y sustancia en su trabajo artístico.

La también directora le concedió a Akolka dos días para entrevistarla. En esos dos días el director debía extraer de la voz de Liv, las diversas facetas y momentos de una relación de casi cinco décadas, para finalmente condensarla en 89 minutos. Al principio estaba renuente a participar en el proyecto, sin saber que éste la guaría a un sorpresivo descubrimiento.

Liv & Ingmar es un retrato íntimo, emotivo y, sí, romántico. Pero el romanticismo no descansa en la melosidad de una relación de amor absoluto como lo pintan las novelas del corazón. Sino en los vericuetos que conlleva todo compromiso y que en ocasiones el lazo es tan fuerte que se sobrepone a los momentos álgidos para llegar a sembrar, esa sí, una amistad absoluta e infinita.

Por Gabriela Vigil / @ImagenesDePie

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